Cuando escuché por primera vez el disco de Alanis, jamás pensé que "de mayor" viviría en madrid, en esta casa, ni que trabajaría en publicidad, ni que con 30 años habría vivido tan intensamente el amor, el dolor, la alegría, los cambios, las decisiones que siguen costando tanto tomar porque sabes lo capaces que son de cambiar tu camino.
A veces me siento en tierra de nadie. Pero esto no para. Y tomar decisiones y asumir cambios se ha convertido en mi pan de cada día. Aunque yo no lo elija. Por eso, a veces no me gusta y otras veces, lo miro con distancia y me parece que, esa niña con cara de empanada que prefería dibujar tranquila en cualquier trozo de papel con un boli bic y no meterse en líos, está dando mucho más de sí de lo que se podía imaginar.
Aunque normalmente todo lo vivo cagada de miedo al 50% y empujada por lo que yo llamo gravedad horizontal al otro 50%.
Ahora dudo si sumar en la vida es realmente bueno. O si en realidad lo bueno sería ser capaz de desprenderse de ciertas cosas.
Pero supongo que tener la suerte de atesorar sentimientos tan intensos es lo máximo que se le puede pedir a la vida.
Yo siempre he sido muy incompatible con la frase "Sin pena, ni gloria" . Mucha pena y mucha gloria, muy exagerado todo, muy poco plano. Siempre.
Anoche el viento intentaba hacernos volar en la azotea del edificio de un piso número 12 desde el que se veía un horizonte con la curva del mundo que le corresponde a Madrid. Estaba con mis amigos de aquí. Esos que no conocen en persona a mis padres, pero que saben perfectamente cómo son. Juan contaba las historias de su padre, traficante de porno, marisco gallego y buscador incansable del tesoro que su abuela emparedó en algún muro de su finca. Decía que la vida antes podía ser mucho más divertida si querías. Yo solo creo que había menos policía. Todas las cosas que cuenta Juan sobre su infancia te hacen sentir muy por debajo de la media de peligrosidad vital.
Hablamos sobre los aviones que dejan estelas blancas en el cielo por la tarde.
Me contaron que esas estelas son productos sedantes con los que nos rocían para que estemos atontados y relajaditos. Que así nos controlan mejor.
Igual a mi no me ha caído nunca un "flus " de esos y por eso ando tan embalada, con prisa por llegar a ya no se dónde. Con ganas de escapar.