Pensaba que sólo duraría unos días, pero se convirtieron en semanas y después en meses.
He ido dejando pasar el tiempo, día a día, posponiendo escribir aquí. Posponiéndolo casi todo.
Pero como dice una canción de Chaouen, no siempre lo urgente es lo importante.
Y de lo importante tengo que ocuparme ya.
En estos meses he retomado a mi psicoanalista con pinta de abuela deportista.
He descubierto el yoga, el taichi, el reiki, el olor a sudor con flores
de los mariquitas, mi fuerza de voluntad y lo poco que me gusta meterme
en un gimnasio.
He leído más de 10 libros en muy pocos meses. Y he intentado tener mucha más paciencia y respirar mejor.
La paz y la energía contrastadas con una cabecita que no es capaz de ver
la perfección que hay en este ser humano que soy yo misma. Yo, que en
lugar de escuchar a toda la gente que me quiere bien y no me exige nada
porque me encuentran maravillosa tal cual soy. Solo sé prestar atención a
la gente que no me quiere bien, que me exije y me lanza sus
frustraciones como si yo fuera un espejo.
Los problemas han sido muchos y variaditos, como casi siempre. Como
toca. Obstáculos a superar que van llegando y marchándose por uno u otro
camino dependiendo de cómo los torées.
Me estoy esforzando a tope y no premiándome nada.
Ahora soy capaz de sentir físicamente la paz en mi.
Aunque eso solo pase unos minutos al día o a la semana. Pero soy capaz de localizarla y distinguirla.
Y ahora, quiero más. Mucha más de esa paz.