Esta época del año suele ser especialmente difícil para mí.
Por alguna razón, siempre sucede algo que me complica la primavera.
A parte de eso, tengo mucho sueño. Y sueño mucho.
Y ahora tengo pesadillas despierta. En el trayecto del metro que me lleva al trabajo. Y que dura el tiempo suficiente como para que sean pesadillas con moraleja.
De los sueños siempre aprendo algo. Mi psicóloga me dijo que canalizo de una forma muy sintética mis preocupaciones, incluso las que desconozco, a través de los sueños. Y, a veces, en ellos hay alguna respuesta.
Ya se me ha pasado la confusión. Y el miedo.
Estaba viviendo con miedo y no me daba ni cuenta.
Eso sí es grave.
Ahora hay un pequeño vacío que se irá poco a poco.
Sé que se irá porque soy una tía constante. Y eso es favorable.