es mucho mucho más importante que colocar bien un acento en una palabra.
Dicen que mi jefe ya es demasiado mayor para aprender a ser más dulce y menos gruñón.
Yo no creo que sea tan mayor, porque cuando se cabrea es igual que un niño. Y justo ése
momento, es el momento perfecto para reeducarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario