jueves, 23 de mayo de 2013

Rauli

Rauli, mi compi de piso, se ha ido a tomar copas a media tarde él solo por Chueca. Como acostumbra hacer cuando tiene la noche de los jueves libre.
Hace muchos años que sale esperando encontrar a alguien interesante que le descubra una vida nueva
y maravillosa. No es que a él no le guste la vida que lleva, pero todos soñamos a lo grande con lo que está por venir.

Cuando sale nos escribe largos mensajes a todos sus amigos, mientras se toma sus copas y analiza desde la barra cada detalle que le rodea: las canciones ( las ubica por artista, año y el momento de su vida en el que salieron), la forma de relacionarse de la gente, los distintos tipos de disfraces que unos y otros llevan para decir sin palabras cómo son y qué buscan...

A mi no me atrae salir así. Creo que me sentiría incómoda. Pero sé que él se siente como en casa, o incluso más agusto, viviendo el atardecer con un dos x uno en gintonics.

Pero hoy me contaba que me ha andado buscando por el barrio para ver si lo acompañaba, por primera vez.
No me ha encontrado y entonces ha empezado a escribirme desde un bar:

Raúl; Daniel no está en casa porque se ha ido a grabar una ópera.
Elena está esperando a que terminen de hacerle una limpieza de estómago.
Hector espera a un amigo suyo con el que ha quedado y que le trae malas noticias.
Sergio está enfadado esperando a que lo llamen de algún casting y quejándose de que no lo hacen porque está mayor y tiene ojeras (mentira).
Y tú estás esperando a que todo esto que ahora sientes no sea así como es y de pronto haya un caballo blanco y suene una ópera aunque sea la que está grabando Daniel.

Yo, como ya no espero conocer a nadie especial no volveré a casa decepcionado.

Esther:  Esa es la mejor actitud. Todos los que nombras arriba estamos esperando algo. De ahí la decepción. Y tu amigo Sergio, cuando cumpla 40 y se mire en las fotos de ahora no encontrará ojeras ni bolsas. Y yo, dentro de un tiempo, pensaré que menuda forma más tonta de perder mi divina juventud : ) 
Ala! todos esperando. Ni que la vida fuera la cola de un cajero automático. Que ahí no regalan nada y tanto hacer cola para al final sacar el dinero que al fin y al cabo ¡ya era tuyo!

Y luego Rauli se ha meado de la risa y me ha dicho que tengo los colores de una papaya.
Escribo esta conversación porque no quiero que se me olvide nunca que en este momento de mi vida
en el que escucho una canción del anuncio de EAT y Jarabe de Palo, yo hablaba con Rauli de estas cosas tan tontas que a veces hacemos tan complicadas.


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