He tratado de aplicarme el cuento de este blog " aquí se viene a volar" con tanto ahínco que se me han resentido las alas.
LLevo dos horas caminando por la ciudad. Esta ciudad se deja caminar y se hace tuya con una facilidad exagerada. El paseo de hoy me ha sentado bien. He caminado por calles desconocidas que me han llevado a calles conocidas.
Mi cuerpo está relajado. No he querido llevar música, necesitaba escuchar la tarde.
Esta mañana he despertado sintiendo que hoy sería otro día largo e interminable lleno de palpitaciones y miedos. Pero poco a poco, paso a paso, todo eso se ha ido calmando. He vuelto porque me duelen los pies, porque todavía no se andar despacio. Pero ha sido bueno. Y mañana será mejor.
Anoche lloré un poco. Se me ha olvidado que a veces es muy bueno.
Algo ha dejado al aire el hilo que enredaba las pequeñas cosas que no me dejan vivir por dentro.
Por fuera he podido vivir . Seguramente mucho y muy bueno durante este tiempo. Apurando al máximo cada rato, ocupando los espacios en mil cosas con las que mirar hacia otro lado, hacia adelante.
Pero mi cuerpo se ha frenado en seco y me ha dicho que es hora de solucionar.
Me da rabia porque se lo corta que es la vida y me gustaría ser mucho más inteligente como para desprenderme sola de cosas que no me hacen bien y no estar aquí, perdiendo ratos preciosos e irrepetibles.
Poco a poco me he convencido de que algunas cosas para mi van a ser una utopía inalcanzable.
Y me quiero negar en rotundo a eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario