Durante todo el viaje sonó Kiko Veneno.
Porque Kiko es muy de Cádiz
porque dice cosas que parece que ya no se llevan como: pistachito
y porque canta cositas ricas y sencillas
que te hacen sentir así, muy rica y sencilla.
Me he partido de la risa. Mis amigos son un tesorazo y me han cuidado como a una reina.
Y aunque siempre vamos pensando que nos falta algo. Yo estoy haciéndome experta en pensar
que con lo que tengo voy mejor que bien.
A veces la " primera vez" de algo te llega tarde, cuando todos han vivido esa primera vez excepto tu.
Este viaje ha estado lleno de primeras veces para mi,
de detalles que no sabía que tenía tanto derecho a vivir.
La vuelta está resultando extremadamente dura.
Lo de mi casa es una mezcla de brújulas rotas y prisas que van hacia la nada.
Estoy bien pero no duermo. Estoy bien pero no respiro ni puedo pensar con claridad.
Y necesito estar fuerte porque lo que me rodea no lo está. Y no hay nada peor para no ayudar que desgastarse
luchando con los ojos cerrados.
Me releo y me doy cuenta del follón mental desestructurado que llevo. Viva Mallorca!
sábado, 27 de agosto de 2011
jueves, 25 de agosto de 2011
Un brindis
Porque conforme "creces"
te empiezan a dar igual más cosas
las tonterías sobretodo
y entonces eres más libre
te empiezan a dar igual más cosas
las tonterías sobretodo
y entonces eres más libre
miércoles, 24 de agosto de 2011
Inevitable
La primera sorpresa del viaje llegó la primera noche, esta canción que me atrapó hace unas semanas... se materializó en persona en un pequeño chiringuito de la playa, por sorpresa, acompañada por Raimundo Amador, Rosario y los Ketama y la cantaron con La Negra y se me puso la piel de gallina y se me llenaron los ojos de lágrimas de lo a gusto que estaba
lunes, 8 de agosto de 2011
sábado, 6 de agosto de 2011
Estos días en el pueblo, en los que no se me ocurre demasiado qué hacer.
Mis padres me miran expectantes a ver qué hago o digo, cómo desayuno o cómo me acuesto.
Si estoy contenta, callada o triste.
Es un coñazo que te observen así. Sé que lo hace porque me quieren como cuando alguien te pregunta si has comido.
Es solo por eso, porque te quiere.
Pero no puedo evitar que me agobie que me estén observando porque entonces me observo yo y empiezo
a analizarme en cada momento. Y me doy cuenta de que en ese momento y en otro no estoy haciendo nada, no tengo un plan
para estar aquí. Y me pongo alterada. Y en décimas de segundo yo, que me había levantado sin pensar en nada, que
me había permitido el lujo de no activar el cerebro antes que la cafetera, ya estoy perdida en un millón de pensamientos existenciales sin sabor a café.
Mis padres me miran expectantes a ver qué hago o digo, cómo desayuno o cómo me acuesto.
Si estoy contenta, callada o triste.
Es un coñazo que te observen así. Sé que lo hace porque me quieren como cuando alguien te pregunta si has comido.
Es solo por eso, porque te quiere.
Pero no puedo evitar que me agobie que me estén observando porque entonces me observo yo y empiezo
a analizarme en cada momento. Y me doy cuenta de que en ese momento y en otro no estoy haciendo nada, no tengo un plan
para estar aquí. Y me pongo alterada. Y en décimas de segundo yo, que me había levantado sin pensar en nada, que
me había permitido el lujo de no activar el cerebro antes que la cafetera, ya estoy perdida en un millón de pensamientos existenciales sin sabor a café.
viernes, 5 de agosto de 2011
Hoy ha vuelto Sergio.
Y una de las primeras cosas que ha hecho ha sido convencerme
de que me comprara unas sandalias de una altura escandalosa
dede las que puedo ver Gibraltar sin esforzarme lo más mínimo.
Cuando me las he puesto he pensado que en el mismo instante en el
que te subes a ellas debería sonar la canción de "Armas de mujer".
Debería sonar en la tienda y no solo en mi cabeza.
Y de vuelta al coche unos chicos me han gritado:
¿dónde estabas cuando me casé?
Es cosa de las sandalias.
Son preciosas, son superficiales, son de cuadritos, son una tontería, son culpa de
Sergio que me ha traído un puñado de mi misma desde Madrid.
Y una de las primeras cosas que ha hecho ha sido convencerme
de que me comprara unas sandalias de una altura escandalosa
dede las que puedo ver Gibraltar sin esforzarme lo más mínimo.
Cuando me las he puesto he pensado que en el mismo instante en el
que te subes a ellas debería sonar la canción de "Armas de mujer".
Debería sonar en la tienda y no solo en mi cabeza.
Y de vuelta al coche unos chicos me han gritado:
¿dónde estabas cuando me casé?
Es cosa de las sandalias.
Son preciosas, son superficiales, son de cuadritos, son una tontería, son culpa de
Sergio que me ha traído un puñado de mi misma desde Madrid.
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