sábado, 6 de agosto de 2011

Estos días en el pueblo, en los que no se me ocurre demasiado qué hacer.
Mis padres me miran expectantes a ver qué hago o digo, cómo desayuno o cómo me acuesto.
Si estoy contenta, callada o triste.
Es un coñazo que te observen así. Sé que lo hace porque me quieren como cuando alguien te pregunta si has comido.
Es solo por eso, porque te quiere.
Pero no puedo evitar que me agobie que me estén observando porque entonces me observo yo y empiezo
a analizarme en cada momento. Y me doy cuenta de que en ese momento y en otro no estoy haciendo nada, no tengo un plan
para estar aquí. Y me pongo alterada. Y en décimas de segundo yo, que me había levantado sin pensar en nada, que
me había permitido el lujo de no activar el cerebro antes que la cafetera, ya estoy perdida en un millón de pensamientos existenciales sin sabor a café.

2 comentarios:

  1. Conozco esos momentos, son complicados, como cuando se explota y uno ve salir palabras de la boca que no siente, pero salen...

    Tal vez sólo nos queda intentar observar sin más el ser que somos en ese momento, sin análisis, sin juicio, sólo observar.

    Disfruta del proceso.

    Un beijinho

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  2. Gracias Suso, es complicado mantener la perspectiva .. O quizá no lo es tanto. El caso es que debo procurar tener un poco más de paciencia.
    Seguro que es solo un proceso, eso es.
    un besito
    mua

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