Hoy ha vuelto Sergio.
Y una de las primeras cosas que ha hecho ha sido convencerme
de que me comprara unas sandalias de una altura escandalosa
dede las que puedo ver Gibraltar sin esforzarme lo más mínimo.
Cuando me las he puesto he pensado que en el mismo instante en el
que te subes a ellas debería sonar la canción de "Armas de mujer".
Debería sonar en la tienda y no solo en mi cabeza.
Y de vuelta al coche unos chicos me han gritado:
¿dónde estabas cuando me casé?
Es cosa de las sandalias.
Son preciosas, son superficiales, son de cuadritos, son una tontería, son culpa de
Sergio que me ha traído un puñado de mi misma desde Madrid.
No hay comentarios:
Publicar un comentario