domingo, 3 de abril de 2011

La silla de tres patas

Estoy segura, convencida, de que el montón de cosas que han pasado este último mes y medio,
me están haciendo aprender mucho más allá de lo que ahora soy capaz de entender.
Intuyo que me he vuelto un poco más valiente.
Y sé que entre toda la basura superficial, se me están instalando un montón de ideas buenas que serán las raíces de un tronco más sano.
Anoche estuvo Amaral en mi terraza, cenando y tomando copas. A mi me daba igual ella. En realidad estaba alucinada con
la cantidad de buena gente por centímetro cuadrado que tenía a mi lado. Porque hacen maravillas para que cualquiera se sienta a gusto de una forma tan natural que parece una película.
Nos sentamos siempre en sillas rotas e insuficientes, hablamos de cosas que dan risa y de otras muy serias. Son personas que no tenían por qué estar en mi vida, pero están. Joder! están ahí. Y se unen en mi casa y disfrutan y se entienden. Y eso me hace sentir un sensación increíble a la que es imposible poner nombre.
Y así estoy yo ahora, como la silla de 3 patas de mi terraza, pero me estoy dando cuenta de que, por primera vez, no importa. No importa que no pueda estar al 100% de lo que yo soy porque con el tiempo han salido unas extensiones invisibles con sonrisa de serie con ganas de poner el tanto por cien que haga falta sin ánimo de lucro.

1 comentario:

  1. Aunque puede sonar gore, los bancos aqui en Galicia donde se mataba a los cerdos eran de tres patas, por qué? porque son los más estables, con tres puntos de apoyo , aunque sea a distintas alturas, el banco puede moverse, pero no se cae...así que puede que seas una gran silla de tres patas!!

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