viernes, 15 de abril de 2011

"Te jodes, que yo
cuando hablo puedo decir
aquello que pienso
por eso soy real
y no sólo el prestigio que descansa
en el cajón de un despacho.

Te jodes, que yo
camino desde el tren
a tu oficina con la sonrisa entre los labios,
pero una cómoda y reconfortante
no aquellas de pepinillo en el ojete
que a veces gastas.

Te jodes, que mis vacaciones
tienen la banda sonora
de los abrazos y carcajadas
de los compañeros en la brecha,
no de potenciales clientes
e-mails y blackberrys.

Te jodes, que mi cuello es liso y elegante
como el del cisne
que jamás ha probado
con su lengua culo ajeno,
que no ha recibido latigazo al orgullo
y mis consejos no son discursos.

Te jodes, que a mi
nunca me robaron el dinero
del almuerzo en el recreo
y ahora ande explotando a la gente
aplicando un clasismo adquirido
del confort paterno.

Te jodes, que mi gente es normal
y no viven sin tener ni puta idea
que se ríen de verdad
y no porque se sientan obligados,
que no tienen miedo
ni me esquivan en el metro,
que más de uno daría un dedo por mí
y yo mi mano entera.

Te jodes, que tu dinero
al parecer vale más que el mío
porque cobras más
y te gusta más que a mí
y tienes que comprar muchas más cosas
y así tus cadenas son tan gordas.

Te jodes,
huele pedos
os jodéis cúpula directiva,
que el único recuerdo
que tendréis de mí
será este poema."

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